7 MENTIRAS QUE NOS CONTAMOS A NOSOTROS MISMOS

No, no, yo no me miento a mí mismo. No, no, no.

7 mentiras que nos contamos a nosotros mismos

 

Así que tú nunca te mientes a ti mismo…

 

1ª: la culpa nunca es mía

 

La culpa nunca es mía. Soy superior y no entiendo cómo los demás pueden pensar así, cómo la gente puede hacer eso. La gente es que es tonta. La gente es retrasada. La gente es…

Yo no soy la gente.

La culpa nunca es mía, yo lo hago bien. Estoy siempre atento, estoy siempre al tanto. Si fuera por mí, todo iría genial. Si todos fueran como yo, el mundo sería ideal. Yo miro, escucho, hablo, ayudo, tengo cuidado. Yo estoy siempre en la brecha.

Y no fallo nunca.

La culpa nunca jamás es mía, los demás nunca tienen un día de mierda ni sus motivos. No ha podido sucederles algo grave para estar así. Es simplemente porque son idiotas. Y no son yo. Eso es lo más importante: no son yo.

Y yo no soy ellos.

¿Seguro?

Yo soy diferente.

¿Seguro?

…Es que…

¿Has visto lo que ha hecho ése, cómo me ha mirado ésa? ¿Has visto lo que hace, dice, piensa la gente? Es retorcida… Es inútil… Es… La gente es…

La culpa es tuya a veces

Me he cansado de escucharte y de escucharme. Porque el de arriba eres tú y soy yo. Y sospecho que todos. No digo todo el rato, no digo siempre. Pero sí tendemos a ser así en muchas ocasiones.

Me he cansado de escucharnos. Porque visto desde fuera es ridículo. Con comprensión y algo de compasión deja de ser ridículo y pasa a triste. Con algo de gravedad pasa a serio. Con algo de mala leche pasa a aburrido.

Y visto desde dentro también es ridículo y triste y serio y aburrido cuando vas teniendo más constancia de ti mismo. Lo primero es reconocerlo. Y trabajarlo. Todo se cura. Todo se arregla.

Puedes leerte Esto es agua, de David Foster Wallace, para empezar.

O para continuar más bien, porque siempre has sido consciente de este error y a veces has tratado de hacer algo al respecto.

Has intentado decir “mucha gente” en vez de “la gente”. Has intentado incluirnos a todos en un bonito plural, digamos, mayestático: “somos tontos”, “los humanos somos gilipollas”.

Y está genial (aunque tampoco procede insultarse a uno mismo…).

Los demás nunca tienen un día de mierda ni sus motivos. - Click para compartir    

Pero bueno, lo importante es que sigas por ahí, que explotes esa línea. Que sigamos por ahí, que explotemos esa línea. Que aspiremos a ser mejores siempre. Que usemos la empatía para bien, para el de los demás y para el de uno mismo. No conviene atascarse con la empatía, pero sí que debemos ser lo suficientemente valientes como para enarbolarla y avanzar.

Por los demás, sí, pero por nosotros mismos en segundo lugar, o si lo prefieres en primero, no te culparía por ello. El caso es que no nos hace bien afirmar que la culpa nunca es nuestra, no nos hace bien ser inconscientes. Nos daña, nos quedamos a expensas de lo que suceda y no podemos elegir, no podemos aspirar a formar parte de ese pequeño porcentaje de gente que sabe dónde está y por qué se comporta tal y como lo hace.

Subamos de nivel. Admitamos que la culpa es también nuestra a menudo. Pero no en un plano católico, apostólico y romano; a quien le interese, genial, pero que la razón no sea salvarse, redimirse ni nada parecido, por favor. Que la razón sea evolucionar. Subir de nivel. Elevar nuestro listón.

dejar de mentirnos a nosotros mismos.

 

 

 

2ª: yo controlo

 

Estoy bien, yo controlo.

Eso de engancharse es para los demás. Cuando quiera lo dejo.

En serio, no te preocupes, deja de tocar los huevos, yo sé cómo controlar mi vida.

El tabaco no es para tanto.

No sé cómo la gente puede engancharse al alcohol.

Aún no tengo que dejar las drogas sintéticas, aún no estoy enganchado.

Las drogas no me controlan a mí, yo controlo a las drogas.

Ese examen está tirado, aún quedan cuatro días.

¿La declaración de la renta? No hay prisa.

Ya iré al dentista, yo controlo.

Si ahora me como otra palmera de chocolate, luego tengo todo el finde para bajarla.

Tampoco como tanta mierda. Soy joven. Eso de la diabetes es de viejos.

Y un infarto no me va a dar todavía.

Voy a 140, pero no voy a soltar el acelerador.

Todavía soy dueño de la situación. Es una autovía, no pasa nada.

No pasa nada, yo controlo.

 

Yo controlo… pero poco

Cuando hacemos este tipo de afirmaciones, nos ponemos en evidencia. Si después de cualquiera de ellas preguntamos algo como “¿no es cierto?”, nos contestamos nosotros solitos.

Haz la prueba la próxima vez.

Es tan obvio cuando se lo escuchamos decir a otro… ¿Por qué no lo es tanto cuando lo decimos nosotros? ¿Por qué tenemos que quedar como idiotas?

La respuesta está clara:

Autoengaño.

Ojo, el autoengaño tiene sus funciones y es útil en muchos momentos, pero, hombre, desbloqueémoslo cuando se ponga en nuestra contra. No es tan difícil averiguar cuándo procede desbloquearlo. Solo hay que prestar atención a lo que decimos. El modo en que hablamos y nos hablamos configura nuestra personalidad y gran parte de nuestro futuro.

Cómo hablamos y nos hablamos configura nuestra personalidad y gran parte de nuestro futuro. - Click para compartir    

Está claro que no todos somos iguales y que unos controlan más que otros. Pero necesitamos de una buena dosis de seguridad para poder conseguir el autocontrol que queremos.

Hay que ser valiente. Pero también listo.

 

No controlas. Y lo sabes

Déjate de tonterías. Haz lo que quieras hacer, sé asertivo y consecuente, pero no andes excusándote y autoengañándote.

Tú controlas cuánto bebes, tú controlas cuánto comes en la cena de Nochebuena.

¿O no?

Tú no controlas. Nadie lo hace.

Parece fácil, pero no lo es. No lo es, métetelo en la cabeza.

Aunque tampoco te achantes, por supuesto. Avanza con fuerza.

Solo tienes que pensar conscientemente en cómo controlar las emociones, cómo controlar una situación concreta y cómo controlar tu vida en general.

No controlamos. Para alcanzar un nivel relativamente elevado de autodominio e inteligencia emocional, debemos comprender este tipo de cosas en primer lugar:

  • Podemos pasar a ser drogadictos de un día para otro.
  • Nos va a doler la muela tarde o temprano si no vamos al dentista.
  • Tenemos que adelantarnos a las enfermedades cardiovasculares y el cáncer y dejar de fumar y comer basura a menudo si queremos estar sanos en el futuro.
  • Y más nos vale que soltemos un poco el acelerador, que a lo mejor la suerte no siempre está de nuestra parte.

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¿Sí?

Así que si estás arriesgando, estás arriesgando. Si te gusta arriesgar en un campo concreto, o en todos, adelante… Pero habla con propiedad. No trates de convencer(te) asegurando que tú controlas ni usando afirmaciones de ese calibre (“no es para tanto”, “me la suda”, “yo sé lo que hago”, etc.). Para los demás es embarazoso y a ti te puede causar problemas muy gordos.

Cuidado: tu tonto interior también controla

Escucha: a quien tienes que controlar es a tu tonto interior. No permitas que cometa errores idiotas ni que haga comentarios hilarantes. Tenlo atadito en corto; él es el problema principal.

«Todo hombre es tonto de remate al menos durante cinco minutos al día. La sabiduría consiste en no rebasar el límite». Elbert Hubbard.

Tú controlas, te creo, créeme.

Es él, tu tonto interior, quien no controla y afirma con tu voz: “yo controlo”.

Pero todo esto ya lo sabes.

Solo te lo estoy recordando. Dado que el tonto interior nunca descansa, siempre nos viene bien un recordatorio.

 

 

3ª: el lunes empiezo

 

El lunes empiezo. Hoy es miércoles, mañana no voy a empezar. Para dos días… Porque el sábado y el domingo no cuentan.

El lunes es más redondo, más estético.

El día 1 de enero empiezo. En cuanto den las campanadas.

Bueno, no, porque con la resaca y tal.

Pero el día 2 es un día raro, hay que empezar el 1.

¿Cómo voy a empezar un martes?

¿Cómo voy a empezar un jueves?

¿Pero cómo voy a empezar en diciembre?

¿Cómo voy a empezar ahora?

Es mejor aplazarlo. Aplazarlo todo. Siempre. Es mejor la procrastinación, apartarlo todo del presente.  Que no forme parte del presente.

¿Verdad?

Ese cambio es más agradable para mi mente en el futuro, apartado de aquí.

Aún tengo tiempo para preparar ese proyecto. Si total, cuando mejor lo hago es el último día.

El último día empiezo.

El lunes empiezo.

 

Pregunta trampa: ¿no será miedo?

Vale, vale, yo también era de esos, y de los peores probablemente. No estudiaba hasta las últimas horas antes de los exámenes finales, por poner un ejemplo. ¿Molaba yo haciendo eso? No tanto como me creía. Aunque, aún hoy, años después, a mis treinta y tantos, mi tonto interior sigue sintiendo cierta satisfacción al recordarlo.

Qué peligro tiene el tonto interior.

¿Qué tal disponer de ese último día más otros días parcialmente y más relajados? ¿Ese último día desaparece si empiezas antes? Respuesta: NO. De hecho, los días anteriores ganan en calidad: te quitas de en medio la inquietud y el agobio. También gana el resultado, que será superior.

¿Es pereza? Claro, postergación, procrastinación.

¿O es pánico a ser excepcional?

¿Seguro que no?

Entonces, ¿tal vez miedo a sentir la vergüenza de no cumplir con las expectativas?

¿Las cumplirás esperando?

¿Seguro que lo de buscar una fecha de comienzo de semana, mes o año no es “para empezar con buen pie”, sino que más bien es solo una excusa muy apropiada, muy bien traída, para demorar algo que no conviene demorar?

No todos los días son el mejor día ni todos los momentos el mejor momento para pasar a la acción, que quede claro, pero tanto tú como yo en el fondo estamos seguros de que no siempre el 1 de enero, el lunes que viene y dentro de un rato son las mejores opciones. Ni mucho menos.

A veces sí.

A veces trazamos un plan y convenimos que el mejor día es ese por equis razones y nos comprometemos con nosotros mismos. Si tenemos bien desarrollada la capacidad de cumplir con nuestros compromisos, seguramente no se trate de una vil mentira para dejar pasar esa oportunidad conveniente o enviar esa idea de cambio al oscuro rincón de los futuribles que nunca nacen, o a ese otro rincón de las cosas que nacen… más adelante.

A veces sí.

El lunes es a veces el mejor día. Porque los días previos nos sirven para concienciarnos, prepararnos o lo que decidamos conscientemente. A veces el lunes, el 1 de enero, el 1 de mayo son el mejor día.

Pero otras veces no.

¿Verdad?

 

Cobardes y valientes

Otras veces lo cierto es que sabemos que el día adecuado para empezar una tarea, un cambio o para recuperarnos de una recaída no es ese, o que hay otros días igual de adecuados mucho antes, y simplemente los estamos dejando pasar como los cobardes.

Porque nosotros no estamos entre los cobardes. ¿O sí?

Todos estamos entre los cobardes.

Todos somos cobardes y nos protegemos del cambio, nos quedamos en el celebérrimo círculo de confort regodeándonos en nuestra mierda, o llamémosle en una realidad inferior a otras mejores para las que ya estamos preparados.

Para aprobar ese examen, para renovar algunas bases de tu empresa o tu nicho con ese proyecto que aplazas o para empezar a alejarte de los horrores del sedentarismo.

Lánzate a por lo tangible, lo cercano, lo que ahora mismo puedes hacer. - Click para compartir    

Para miles de cosas para las que ya estamos preparados. Todos estamos ahí en mayor o menor medida, todos estamos entre los cobardes.

Pero te voy a recordar -porque ya lo sabes- que también estamos todos entre los valientesEntre los que se atreven. Entre los que luchan por conseguir sus objetivos. Los que van a mejor atravesando los muros invisibles que antes nos limitaban e incluso algunos “muros visibles” que nos coartaban. Los que se levantan y hacen lo que realmente quieren hacer, y vencen a la pereza, al miedo y al sufrimiento.

Incluso aunque no te lo parezca. Todo ser humano se enfrenta desde su nacimiento a retos impresionantes. La diferencia aquí la hace que nos enfrentemos o no a retos que van más allá de la mera supervivencia.

 

Cómo evitar procrastinar

Una estrategia:

Coloca la expectativa frente a ti, pero al fondo y en un plano secundario, no te centres en ella. Y lánzate a por lo tangible, lo cercano, lo que ahora mismo puedes hacer para borrar esa turbia sensación que tu corazón contiene de estar fallándote a ti mismo, de no hacer todo lo que podrías por el mero hecho de auto-limitarte innecesariamente. Sí, esa angustia en el pecho va por ahí…

Ve a por lo que te pertenece.

Cógelo. Es tuyo.

Pero vas a tener que levantarte de ahí para alcanzarlo.

No esperes al lunes.

A no ser que lo hayas analizado a fondo y sepas que realmente es el mejor día.

Y que vas a cumplir de verdad con lo propuesto entonces.

Y que de verdad merece la pena el desperdicio de tiempo que se va produciendo segundo a segundo mientras esperas a que llegue…

 

…el lunes.

 

 

4ª: yo estoy de vuelta de todo

 

Chavalito… yo estoy de vuelta de todo. ¡Buah! A mí qué me vas a contar.

Yo ya no tengo nada más que aprender. Si ya está todo aprendido.

Si por mucho que te empeñes no me vas a hacer cambiar de opinión.

¿Y sabes por qué? Porque yo ya sé la verdad.

Ya sé cómo funciona todo.

Si es muy sencillo. No hay que ser un Einstein para comprenderlo.

Si esto es como aquello y todo es igual en todas partes. Yo estoy ya de vuelta, chaval.

A mí me va a decir ni tú ni nadie nada. A mí me vas a liar tú.

Yo soy yo y punto. Y de ahí no me saques, porque si me sacas, te saco yo a…

 

La cruda realidad

A ver, si eres un radical de este perfil, va a ser muy difícil que dejes de pensar así. Y, aunque radicales hay pocos, todos padecemos esto en mayor o menor medida y resulta complicadete neutralizar al radical que guardamos dentro cuando se pone pesado. Pero podemos intentarlo, ¿verdad?

¿Sí?

Pues vamos por partes.

En primer lugar, no me parece emocionante estar de vuelta de todo. Suena muy útil, eso sí, pero es engañoso.

Lo que a lo mejor quieres decir es que a lo largo de los años has adquirido conocimiento valioso que te sirve para defenderte mejor en este mundo. Claro. Pero no te cierres en banda.

Piensa esto:

¿Y si hubieras puesto la bandera muchos años antes? Con ocho años, por ejemplo. ¿Y si entonces hubieras empezado con el “estoy de vuelta de todo, chaval” y no hubieras querido aprender nada más?

Muy sencillo: (aparte de que habrías sido un niño MUY gracioso :D) te habrías limitado, habrías aprendido mucho menos de la vida, averiguado mucho menos, habrías sabido defenderte peor y tu vida habría sido probablemente peor.

No des nada por sentado. - Click para compartir    

Entonces, dime: ¿por qué dejar de aprender en algún momento? No tiene sentido.

¿Que sabes muchas cosas? Bien. ¿Que puedes saber muchas más en el futuro si permaneces siempre abierto y aprendiz? Claro.

 

Nuestro conocimiento parcial

El desarrollo personal nos sirve para hackear nuestra vida, podríamos decir. Ahí es nada. Teniendo esta herramienta siempre disponible, ¿por qué nos quedamos con la tartana de siempre?

No podemos confundir conocer parte de muchos aspectos de las cosas con saberlo todo ya. Sé que cuando decimos la frase de marras lo que queremos expresar no es eso sino que no me interesa saber más porque con lo que tengo me basto y me sobro.

Pero estamos hecho para progresar. Y nunca tienes la edad adecuada para dejar de hacerlo.

La psicóloga Euri Mérida, por ejemplo, ayuda a «amar y ser feliz después de los 40». Y deben de existir otros blogs donde se ayude a eso después de los 80, o deberían existir. Eso sí, has de estar abierto. Quien se cierra para siempre a la edad que sea, ya está, se pierde la opción de mejorar en nada.

Además, no es solo aprender más, sino que a veces es conveniente desaprender, que es otro tipo de aprendizaje. Es posible que lo que ya sabes sea erróneo.

Para estar mejor es preciso ampliar conocimientos, verificar continuamente lo que “sabemos” y estar dispuesto a cambiar en lo que te habías equivocado por otra nueva idea. Y también no confiar en esa nueva idea para siempre, y así.

Ya que has sacado a colación antes a Einstein, él dijo, puede que te suene:

«La vida es como montar en bicicleta: para mantenerte en equilibrio, hay que seguir pedaleando.»

No nos engañemos a nosotros mismos. Aprendamos a ser más sabios que espabilados. Con lo segundo sobrevivimos, y está bien; con lo primero alcanzamos plenitud y alegría sostenida. Aprendamos a escuchar mucho, a aprender mucho, a intentar entender.

 

Apertura mental

Hoy me ha dado por Einstein:

«La mente es como un paracaídas: solo funciona si la tienes abierta».

Todos los seres humanos nos parecemos y hay determinadas reglas y leyes que parecen regir un alto porcentaje de nuestro comportamiento y del comportamiento de la vida.

No olvidemos tampoco que cada persona es diferente, que para afinar hay que personalizar; que cada situación es diferente.

Hay que partir de lo que tenemos pero abiertos a crear nuevos comportamientos que mejoren los previos.

Imagina un médico que aprende el primer año de carrera que la tos es un síntoma del resfriado y ya decide diagnosticar siempre igual a todo el que viene tosiendo. Yo también he visto metáforas mejores, pero ¿me has entendido?

Aumentemos siempre el conocimiento. ¿Por qué no mejorar? ¿Por qué no superarse? Cuestiona tus creencias.

 

La verdadera autoestima

La verdadera autoestima se consolida constantemente. - Click para compartir    

Construimos un muro a nuestro alrededor. Se parece a una cárcel a veces. Y lo peor: no nos protege tanto como creemos. A veces hasta hace todo lo contrario.

Solo tenemos esta vida. No nos cerremos en banda por orgullo y por ego. O por miedo a la inseguridad: es peligroso.

Creemos que actuando así estamos protegiendo nuestra autoestima. Probablemente solo la estemos alimentando de la misma mierda de siempre que nos mantiene atascados en el punto en el que estamos. Y la culpa es de los demás.

Nosotros somos perfectos… pensamos fugazmente… el tiempo justo para zanjar las cuestiones que no queremos tener abiertas como heridas por curar. Y es que luego en realidad no pensamos eso: es una mentira que nos contamos de manera fugaz. Y ni siquiera nos damos cuenta pero ya ha determinado nuestra vida.

La verdadera autoestima se consolida continuamente, es humilde y potente. Tiene ansia de conocimiento y de evolución personal. No se tambalea, pero sí es flexible y orgánica. Está en constante crecimiento lento.

Quien la goza no está de vuelta de nada, se mantiene despierto y atento. Disfruta del aprendizaje continuo que es vivir.

No da nada por sentado. Y esa incertidumbre le hace dichoso.

 

 

 

5ª: yo no necesito eso

 

Que no, coño, que yo no necesito eso. Eso del desarrollo personal es para raritos espirituales.

Yo no necesito (auto)ayuda, ya me ayudo yo solito (?). Es que ni se me pasaría por la cabeza.

 

¿No quieres mejorar?

Mejorar sí, pero no con cosas espirituales.

El desarrollo personal es espiritual, pero también es intelectual, físico y emocional. Es todo. Se trata de evolucionar.

Estoy muy bien como estoy, gracias.

Vale, vale. Está bien. Para ti entonces no es una mentira que te cuentas a ti mismo.

O eso crees.

 

Yo me quedo como estoy

Incluso para mantenerte tal y como estás (si eso fuera posible de forma literal, que no lo es, pero bueno, para entendernos lo diremos así), incluso para eso, necesitas desarrollarte.

El mundo está en movimiento permanente, no se detiene, tu cuerpo tampoco, ni tus relaciones, ni tu mente. ¿Lo entiendes? Nos movemos. El crecimiento personal evita que el movimiento nos perjudique y logra que nos beneficie.

Es una especie de judo. Vamos con él, observamos el movimiento en el mundo, en nuestro entorno, en nosotros, y lo utilizamos en nuestro favor, en el de uno mismo y en el de todos.

 

Ya sé todo lo que necesito saber

Otro de esos argumentos que caen por su propio peso cuando los pronuncia otra persona que no es uno mismo. Se ve absurdo desde fuera. Desde dentro cuesta más verlo. Por eso necesitamos estudiarnos, observarnos a nosotros mismos, escucharnos, vernos con perspectiva y tomar ventaja de ello para mejorar o incluso a veces para sobrevivir.

Aunque no te interese mucho esto del autodominio o te suene a algo muy etéreo y espiritual, lo estás haciendo todo el tiempo. Tratas todo el tiempo de controlarte, de mejorar, de hacerlo mejor en el trabajo, de hacerlo mejor con tu pareja, de ser mejor que antes.

Lo que pasa es que por tu cabezonería de no querer ayuda externa, de no querer leer libros, blogs, de no apoyarte en expertos, o tu miedo a que tu cerebro sea lavado, tu manera de mejorar es más torpe, menos orientada, más intuitiva, y la intuición está muy bien, es fundamental, pero de la mano del conocimiento funciona mejor, es obvio.

Y el tiempo pasa, nuestro tiempo es limitado.

Atrévete a poner tu atención en ti. - Click para compartir    

Yo también pensaba hasta no hace mucho tiempo que el autodominio era autoayuda barata y que no era auténtico, no era genuino, hurgarnos para mejorar, que nuestra esencia era dejarnos llevar por nuestra inteligencia sin modificar, dejarle hacer en el mundo al instinto y la personalidad que nos viene dada por defecto. Y es cierto que hay muchísimos libros malos, muchísimo contenido repetitivo y que hace falta más gente talentosa trabajando en esta disciplina. Hay tanto de lo que hablar…

Pero también es cierto que la evolución voluntaria y consciente es trascendental, marca una diferencia en el mundo, es uno de los caminos que todos debemos recorrer, a nuestra manera, por supuesto, pero investigando y sacando nuestras propias conclusiones.

 

Cuidado y constancia

Ten mucho cuidado con lo que lees, mucho cuidado con lo que te topas, con la multitud de adornos y mentiras que te encuentras y seguirás encontrándote.

Investiga y selecciona, ignora y adquiere, pero también asume que muchos lugares comunes son fundamentados por la experiencia, que tienes que estar abierto a querer cosas que en el pasado no habrías apostado a que tú harías, que debes ser flexible en tu evolución, cauteloso con lo que te vas encontrando, pero flexible respecto a tus creencias del pasado.

Nadie tiene por qué comerte el coco. Permanece atento y no te dejes convencer por quien no quieres.

Pero dale un poco de tu tiempo a toda la información de la que ahora disponemos para mejorar como individuos. Es muy conveniente un poco de luz en el camino.

Mírate detenidamente no solo en el espejo. Atrévete a poner tu atención en ti y disfruta desarrollando tu potencial en todas las áreas de tu vida.

 

 

6ª: me queda mucho tiempo de vida

 

Me queda mucho tiempo por delante. Tengo todo el tiempo del mundo.

Aún me queda mucho tiempo de vida. Esos planes y esas metas que tengo desde hace tiempo, y los planes y las metas que estén por venir, pueden esperar un poco; ahora estoy demasiado ocupado con otras cosas.

Empezaré pronto con ese proyecto que tengo pendiente y que tanto me ilusiona. De hecho, si no lo he empezado todavía es porque no me ha parecido que fuera el momento oportuno.

Ese momento llegará. Aún me queda mucho tiempo de vida.

 

Todos hemos hablado con nosotros mismos así en algún momento durante nuestras conversaciones interiores (conversaciones que, dicho sea de paso, deberíamos reducir y controlar más). Claro que sí, todos lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo, nunca vamos a ser tan inteligentes como para contarnos la verdad todo el tiempo. Está bien algunas veces para descansar y tal, pero…

 

Nuestro tiempo es limitado

El tiempo es relativo y depende del punto de vista, pero podemos afirmar que nuestro tiempo es limitado. Limitado, piénsalo bien. Ya sé que lo piensas a menudo y no es mi intención generarte más trauma existencial, pero bueno, tenemos que partir de aquí: nuestro tiempo es limitado y debemos aceptarlo.

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Debemos incluso aprovecharlo como un regulador de acciones, un indicador para lanzarnos a la acción. Hagamos ahora mismo un pequeño ejercicio: ¿tienes algunas cosas pendientes desde hace varios años? Piensa en una concreta.

¿Te has fijado en lo deprisa que esos años han transcurrido? Lo sé, claro que lo has pensado. La clave está en pensarlo un poco más a menudo y más conscientemente. No se trata de amargarse la vida, sino de utilizar lo que no tiene remedio para sacarle partido.

 

Oye, que… qué va, no nos queda tanto tiempo de vida como a veces queremos creer, por desgracia.

Empieza, no dejes que pasen otros dos años. No dejes que pasen otros cinco años. Dentro de cinco años, tú tendrás, ¿cuántos?

Cinco más. Y al final te mueres.

 

Vive ya como quieres vivir

No digas eso de que tienes que aprovechar la vida en el sentido en que lo dices; te estás maltratando. ¿Aprovecharla para qué? ¿Para placeres instantáneos por si pereces mañana? Por favor, no seas cobarde. Aprovechar la vida es ir a por lo que quieres de ella en términos totales, es disfrutar peleando por alcanzar las metas que tienes, es cuidarte como deseas a pesar de no saber qué puede pasar mañana. Lo demás es cobardía. Has oído bien: cobardía.

No se trata de amargarse la vida, sino de utilizar lo que no tiene remedio para sacarle partido - Click para compartir    

Piensa en quién eres realmente, no quien te han contado o has creído que eres hasta hoy. Piénsalo de nuevo. Piénsalo a fondo. Y luego:

Vive ya como quieres vivir, o encamínate hacia ello. Disfruta. Empieza ahora, acomete la acción más sencilla que podrías acometer hoy mismo para empezar a organizar un poco tus objetivos.

introduce tus sueños en tu presente, dales un aire de posibilidad, céntralos y alinéate con ellos. Los alcances o no, eso te hará estar más en sintonía con tu esencia.

Aún nos queda mucho tiempo de vida. ¡Pero es tan poco…!

 

 

 

7ª: yo no tengo miedo a ser genial

 

 

¿Pero de qué estás hablando? ¿Cómo puedes decir eso? Yo no tengo miedo a ser genial, ¿por qué habría de tenerlo? De hecho, ya soy bastante genial y no estoy acojonado de mí mismo, como puedes comprobar.

A veces dices unas cosas… ¿Miedo a ser genial? Si no estoy haciendo eso que quiero hacer es porque ahora no es el momento, ahora no puedo, pero voy a hacerlo.

Las cosas se ponen en mi contra, el viento está en la proa, ¿qué puedo hacer? A veces es muy duro y…

¡Pero yo no tengo miedo a ser genial! Por favor…

 

Excusas

Vale, reconozco que este es un tema complicado. Hay que escarbar bastante para verlo y aún más para reconocerlo.

Por lo menos a mí me cuesta mucho trabajo verlo. Y más reconocerlo.

Estamos rodeados de nuestras propias excusas y nos cuesta entender que lo son.

¿Qué son qué?

Excusas.

Excusas para no reconocer que sí que nos da un poquillo de miedo eso de ser genial. Las razones son varias, y ninguna fácil de explicar y enlazar con el hecho.

Tanto tú como yo sabemos que hemos nacido con el potencial de ser mucho mejores de lo que ahora somos. Sin embargo, pensar en la idea de estar todo el día dando el callo, realizando acciones de alto nivel y compromiso nos da un poco de canguelo. Pero escucha.

 

Hábitos

Sólo necesitamos un puñado de hábitos estratégicos; lo demás viene solo. Cuando te quieres dar cuenta, has subido de nivel en todo.

Entiendo que, por ejemplo, pensar en la idea de ser presentador de un programa diario de televisión te produce una sensación rara. ¿Cómo pueden estar cada día ante tal presión, frente a tal responsabilidad, tan expuestos? ¿De dónde sacan la fuerza de voluntad?

Supongo que no es lo mismo estar cada día en el sofá de tu casa que saliendo por la tele. Pero no es fuerza de voluntad de lo que se trata. Al menos, no más que para ir a cualquier otro trabajo. O tal vez menos. Depende de tu situación, tu compromiso, tu actitud y tus sentimientos en el trabajo.

Nos acostumbramos a todo. Cuando generamos hábitos, la fuerza de voluntad que necesitamos para llevar a cabo esas acciones, es prácticamente nulo a menudo.

Tenemos momentos de bajada y momentos de frustración y aquí sí hay que tirar de músculo de voluntad, pero por lo general llega un punto en el que los hábitos te mecen de uno al siguiente por sí mismos.

Nuestro miedo a ser genial también se debe al miedo al fracaso. Si no lo intento, no fallo. ¡Cuántas veces me habrá pasado! Como todas las otras mentiras que nos contamos a nosotros mismos. O más.

“Si no lo intento, no fallo”.

¡Patético!

«Si no lo intento, no fallo». ¡Patético! - Click para compartir    

Lo deseas con fuerza, con ansia incluso. O tal vez atenúas el deseo de lograr algo para no lastimarte si no lo consigues.

 

Miedo a ser genial, sí

Ya he hablado en otras ocasiones de lo que el éxito significa y de que si caminas con ímpetu por donde debes, es posible que no logres llegar a donde pretendías pero sí que llegarás a otros lugares mejores que en el que estás y posiblemente igual de geniales que aquel que buscabas, y además disfrutarás del camino.

Porque debes disfrutar del camino, debes hacer por ello. Siempre.

¿En serio no eres capaz de disfrutar de ir siendo cada vez más genial?

¿Miedo a la responsabilidad? Hábitos y costumbre. Sé paciente, valiente y confía.

¿Miedo al fracaso? El fracaso es no intentarlo, ya lo sabes. Pon en práctica lo que sabes.

¿Miedo a ser genial? Venga, va, ya está bien de esa mierda.

 

 

Podrían ser más, podrían ser menos. Aquí he escrito 7 de las más relevantes y pegajosas mentiras que nos contamos a nosotros mismos. Cuesta quitárselas cuando te habitúas a ellas. Es un esfuerzo activo que requerirá dosis importantes de intención, deseo y fe. Pero al final se eliminan. O se mantienen controladas, si queremos ser más precisos. Sí, queremos ser más precisos.

Si logramos evitar contarnos estas 7 mentiras a nosotros mismos, conseguiremos mayor control de nosotros y de las situaciones, más sensatez, más sutileza y más confianza.

Entre otros beneficios que tú mismo puedes señalar en los comentarios o en un e-mail para ayudarme a mejorar como individuo y a escribir más artículos que yo disfrute escribiendo y tú disfrutes leyendo.

2017-06-26T10:24:13+00:00

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