CUÁNDO ABANDONAR UN PROYECTO, UN NEGOCIO, UNA RELACIÓN

La pregunta del millón: cuándo abandonar un proyecto, cuándo parar. ¿Deberíamos seguir?

Cuándo abandonar un proyecto

¿Un poco de musiquita?:

Allá vamos:

Una fina línea separa la terquedad de la perseverancia. Una línea difícil de determinar y, sin embargo, fácil de intuir. Quiero decir que quien más y quien menos sabe distinguir entre los dos conceptos y que incluso la mayoría cree saber cuándo está siendo terco y cuándo persistente.

El único problema es que nos encanta mentirnos a nosotros mismos y, a veces, algo que en principio nos parece obvio puede parecernos lo contrario más adelante.

¿Si sigues es terquedad o perseverancia? ¿Cuándo abandonar un proyecto? ¿Debería abandonar mi proyecto, darlo por perdido?

Empecemos por el comienzo.

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¿Eres terco o perseverante?

Según el diccionario, la diferencia entre terquedad y perseverancia es una cuestión de argumentos. Alguien terco es alguien que actúa contra argumentos razonables y alguien persistente, en cambio, no tiene a priori toda esa argumentación en contra sino que está avanzando por un territorio por el que, si continúa, acabará alcanzando el éxito en lo que se proponía.

Sin embargo, no es tan sencillo. En primer lugar, porque nunca sabemos si los argumentos son realmente razonables o no. Por supuesto que a veces está prácticamente cantado, o incluso totalmente. El terco a veces quiere demostrar lo indemostrable, resucitar a un muerto, hacer que un pájaro que ha perdido sus alas vuele de nuevo.

Suelen ser casos de orgullo inútil o bien casos de sentimentalismo impulsivo, ambos rasgos peligrosos para uno mismo y para quienes le rodean. Podemos imaginar, por ejemplo, a una persona que decide apostar a la ruleta sus ahorros y su casa cuando ya ha perdido lo que había decidido apostar en un principio. Podemos imaginar también a esa persona que ha sido rechazada una y otra vez por su expareja y que aun así sigue obsesionada con ella e intentando convencerla a diario para que vuelva.

Y hay situaciones aún peores. El orgullo inútil y el sentimentalismo impulsivo, en una palabra, la terquedad, es inconveniente y a menudo terrible.

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Sin embargo, la historia está llena de insensatos que han hecho progresar a la humanidad. No, eso no se puede hacer, les dicen. No, es imposible, olvídalo. Pero ellos continúan intentándolo a pesar de las opiniones y la mayoría de pronósticos y finalmente alcanzan sus objetivos. De pronto, todos cambian sus palabras: los tercos se convierten en perseverantes…

Así pues, ¿cuándo deberíamos abandonar un proyecto, un negocio, una relación? ¿Dónde están los límites de lo que deberíamos seguir intentando y lo que deberíamos dar por imposible, inútil o incoherente?

 

Personaliza siempre vs. reglas generales

Cada caso y cada situación, cada meta y cada persona son diferentes. Por lo tanto, la respuesta a cuándo abandonar un proyecto, un negocio o una relación debe ser siempre personalizada e individualizada. Es que da igual lo que yo o cualquier otro te digamos: al final lo más recomendable es que diseñes tus propios métodos.

Pero hay algunas aproximaciones generales que me gustaría indicar para saber cuándo abandonar un proyecto, un negocio o una relación:

  • Uno, y lo más importante: si estás haciéndole daño a alguien que no merece ese castigo o destrozando de forma literal algo que realmente estaba bien, debes detenerte. No hay excusa, no hay justificación aunque te lo parezca. La mente humana es compleja y, aunque brillante, también a menudo limitada y estúpida y debemos detectarlo lo antes posible por el bien de los demás y también por el nuestro propio.
  • Dos: si pierdes la perspectiva y en realidad ya no sabes lo que estás haciendo o no te sientes orgulloso de ello, es muy posible que se trate de un indicio de que debes replantearte lo que estás intentando conseguir.
  • Tres: en el fondo, tu cuerpo te habla. Tu cuerpo, tu corazón, tu intuición, tu instinto, llámale como quieras. Si el cuerpo te está diciendo insistentemente que no estás avanzando en la dirección adecuada, hazle caso. No hablo de una duda sobre sí deberíamos que abandonar el proyecto o la relación, todos tenemos dudas e inseguridades y a menudo hemos de saltarlas o atravesarlas e incluso convivir con ellas pero seguir avanzando. No, no hablo de eso. De lo que hablo es de una advertencia clara de tu cuerpo o tu corazón o tu instinto. Una advertencia clara. Escucha a tu cuerpo en silencio a veces, cuestiónate, dialoga contigo, analiza fríamente, buscando, aunque sea imposible conseguirla completamente, la objetividad y averigua si tu determinación está llevando el camino de la tozudez más que el de la perseverancia. De ser así, reconócelo entonces (a veces la verdadera valentía está justo enfrente del lugar donde creíamos que estaba): “sí”, determina, “es cierto, no me estaba dando cuenta, era una cuestión de puro orgullo o cabezonería”. O, por el contrario: “no, fríamente comprendo que debo seguir”.
  • Cuatro: dale margen a la aventura y a la épica. Si algo es muy difícil, mucho, pero de verdad crees que es tu camino, y lo vas a disfrutar llegues o no, y hay alguna posibilidad, algunos pronósticos a favor, incluso aunque sean algo descabellados en principio, no lo dudes, no te detengas por la moderación o el miedo. No, hazlo, continúa. Y -no olvides esto- disfruta.
Aquí tienes cuándo deberías abandonar un proyecto. Espero que te sirva. - Click para compartir    

 

Cerrando

A veces nos cuesta tanto averiguarlo, saber cuándo abandonar un proyecto que no está funcionando. decidir si continuando ese proyecto o manteniendo esa relación amorosa o amistosa estamos siendo tercos o perseverantes… Y sin embargo se puede.

Y no solo se puede: se debe. De lo contrario, estaremos gastando las fuerzas y el tiempo en algo totalmente inconveniente.

O bien, por el otro lado, estaremos dejando escapar la oportunidad de nuestra vida.

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2017-06-26T10:34:07+00:00

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